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Tener la valentía de reconocer la necesidad de cambiar y embarcarse en el reto de crear un centro de innovación de productos nos puede llevar mucho más allá de lo que pensamos y traer mayores recompensas de las que esperábamos.

CREACIÓN DE UN CENTRO DE INNOVACIÓN PRODUCTOS

En una industria altamente competitiva con jugadores internacionales y alta rotación de productos nuevos, esta empresa no podía continuar con una estrategia de “copy cat” si quería sobrevivir y menos aún si quería crecer y tomar un liderazgo regional. Con un equipo agotado, desarticulado y poco motivado, el camino para sobrevivir y crecer era cambiar, innovar.

Una vez que se tiene la valentía de reconocer la necesidad de cambio. ¿Por dónde empezar? Por el origen, por las bases. Y fue por ahí por donde iniciaron el proceso, escuchando a todos los colaboradores, con apertura, con humildad.

Menuda tarea la de resumir y sistematizar toda la información, todas las ideas que surgieron de tantas conversaciones y sesiones de trabajo. Y después, volver a escuchar. Esta vez para definir el desafío de innovación de la empresa. ¿En qué enfocarse? Como no se puede hacer todo, había que escoger en qué segmentos se asignaría los recursos humanos y financieros para innovar, y en cuáles se tendría una estrategia de rápidos seguidores. Pero cuando se abre la puerta al diálogo, no se recibe sólo aquello que uno espera, siempre hay mucho más. Sí pues, el resultado fue que no sólo había que mirar qué se producía sino también cómo trabajaban juntos para crear, producir y vender esos productos. Así, hubo que construir una nueva manera de trabajar, había que co-crear con equipos multidisciplinarios y multifuncionales. Había que tener espacios que fomentaran el trabajo conjunto.  Ahora suena evidente, pero entonces no era así. Entonces, como ahora, tampoco se podía dejar las cosas al azar: creo los equipos, les doy un espacio bacán para que trabajen juntos, les digo que hay que co-crear y listo. Si se logró resultados extraordinarios, si se pasó de ser una empresa seguidora con riesgo de no sobrevivir a ser una empresa innovadora, con record de ventas y líder en la región, fue porque se hizo más que eso. Hubo un compromiso total desde los directores y la alta gerencia, que seleccionó a los líderes que propiciarían el cambio en la organización, dándoles la confianza para aprender de los errores que se cometerían en el proceso. Una alta dirección que no descuidó la inversión en sus equipos, dándoles herramientas y un lenguaje común que potenciara sus ganas de hacer la diferencia.

Como en todo proceso de cambio e innovación, hubo lecciones que fueron duras, pero sirvieron para seguir construyendo el camino hacia el liderazgo regional. Lecciones como que el entrenamiento tradicional no siempre da buenos resultados. Más efectivo es aprender haciendo. Lecciones como que los métodos tradicionales de manejo de proyectos pueden ser muy rígidos cuando se trabaja en innovación. Hay necesidad de ser más flexibles y dar espacio para tomar más riesgos. Lecciones como que los resultados de ventas de productos innovadores son muy difíciles de predecir. Puede que no se logre el estimado de ventas, como puede que la demanda sea tal que cree una tensión fortísima sobre los equipos de compras, producción y logística para cubrir esa demanda y no perder oportunidades. Se imaginan, que la demanda sea 10 veces mayor de lo que se predijo, que las ventas crezcan exponencialmente. Esa es la recompensa de embarcarse en innovación con compromiso, con una estrategia bien definida y con la mente abierta para aprender en el camino.